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Dotarles de procedimientos que les permitan investigar la realidad, profundizar en las formas más adecuadas para la utilización, uso y disfrute de los bienes, productos y servicios que se ofertan en el mercado. Hacer posible la resolución de problemas y la autonomía a la hora de elegir.
Potenciar actitudes positivas ante su propia educación e información como consumidor; ser crítico ante el consumismo, la degradación ambiental y los fenómenos que les impiden comportarse de forma consciente. De la responsabilidad en sus actuaciones como consumidor, y de la solidaridad para con el resto de los consumidores y del respeto ante las leyes que rigen la convivencia armónica y saludable de los consumidores.
Entendemos la Educación del Consumidor también, no como la simple transmisión de información, sino como proceso en el conocimiento acerca de las cosas, el conocimiento de cómo hacerlas y la resolución de problemas. Es decir, deben incluir objetivos que abarquen la totalidad de los contenidos que configuran el papel del consumidor responsable y que se distingue por:
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